La historia está llena de ejemplos de países, organizaciones y empresas que desaparecieron por no querer adaptarse a los cambios del ambiente. Creemos que en el mundial de fútbol de Sudáfrica se están dando las condiciones para generar cambios en la FIFA, institución muy poderosa pero también muy cuestionada por su falta de transparencia. ¿La razón? El que sus problemas hoy se hacen evidentes para todo el mundo.

Datos sobre corrupción en el futbol y la FIFA hay muchos. Basta ver el libro “El hijo del Ajedrecista II”, donde el narcotraficante Fernando Rodríguez Mondragón describe y muestra fotos, cómo los dirigentes peruanos y el representante FIFA en Sudamérica, supuestamente vendieron el resultado 6-0 del partido Perú-Argentina a los militares gauchos, en la Copa Mundial de 1978. Pero una cosa son los libros, que pocos leen, y otra la televisión y la prensa.
Así, millones de fanáticos del futbol siempre dudaron de la imparcialidad de los árbitros. La diferencia es que, si antes podían darles el beneficio de la duda, hoy les pierden el respeto pues la repetición inmediata de sus televisores le muestra cómo se equivocan y favorecen a un contendor perjudicando al otro. ¿Por qué la FIFA impide el uso de tecnología en los arbitrajes? es la pregunta común. La respuesta más difundida dice que no quieren perder la capacidad de “arreglar” los partidos. Además, no es lo mismo si el perjudicado es México o Corea, que, como acaba de pasar, lo es Inglaterra, cuna del fútbol mundial. Vienen más protestas.
De la misma manera, si desde hace tiempo países como el Perú, que quieren hacer un fútbol más competitivo, se enfrentan a dirigentes FIFA que impiden los cambios, no es igual que le pase eso a Francia, ex campeón del mundo. La respuesta burlona de la FIFA al presidente Sarkozy seguramente hará eco en otros países y el escándalo es inminente. Crece el descontento.
En fin, las acusaciones de corrupción y de injusticia le han dado a la FIFA ya una tremenda tarjeta amarilla. Eso debería ya llevar a sus dirigentes a hacer cambios y mejoras profundas. Si no, el escándalo mediático creciente, aunque ellos digan que son más importantes que la ONU, amenaza con sacarle una tarjeta roja.
Rolando Arellano C.
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