Elegir un monopolio municipal

Rolando Arellano Cueva
Presidente de Arellano Marketing y profesor en Centrum Católica

Se habla mucho de lo malo que son los monopolios empresariales, pero nada se dice de los monopolios de los gobiernos municipales, esos cuyas autoridades vamos a elegir nuevamente muy pronto. Veamos. 

Como el lector conoce, el problema mayor de un monopolio es que al no haber alternativas de elección, las empresas obligan a los compradores a aceptar todas sus condiciones. Ellas deciden las características del producto a ofrecer, el precio y los plazos de venta, y el cliente solo podrá decidir si compra o no compra el producto. Ese desequilibrio de poder genera grandes problemas sociales y económicos, razón por la que esos comportamientos monopólicos son prohibidos en casi todas las sociedades modernas. 

Y los gobiernos municipales, cuyas autoridades pronto elegiremos en el Perú, ¿serían monopolios? La respuesta la tendrá el mismo lector en función de las siguientes preguntas. 

¿Tiene usted un terreno y desea construir su casita? Para hacerlo deberá obtener una autorización de construcción. ¿Sueña con abrir un restaurante? Saque una licencia de operaciones. ¿Quiere pintar su fachada? No olvide el permiso para los andamios. ¿Y en dónde se obtienen esas autorizaciones? Única y exclusivamente en la municipalidad donde se ubican sus predios. Sin opción de ir donde otro “proveedor”, tal como ocurre con los monopolios puros y duros.

Y como en todo monopolio, los abusos potenciales son muchos. Haga usted un inútil y engorroso trámite; espere ocho semanas a que el arquitecto decida mirar su expediente; pague, sin chistar, tal absurda tasa. Fuerza monopólica que trae aparejado un inmenso potencial de corrupción, ante la que es difícil quejarse, pues el reclamo lo verá un funcionario de esa misma institución, que podrá reflejar su venganza en la celeridad de su expediente. 

¿Eso implica que el monopolio municipal debiera ser eliminado? No exactamente, porque los monopolios no son malos per se, razón por la que las leyes empresariales no los prohíben y solo sancionan el abuso de poder de los proveedores únicos. En otras palabras, siendo quizás necesario tener un único gobernante en nuestras ciudades, lo importante es evitar que este y sus asistentes abusen del poder que les da ese cargo. Pero, como alguna vez leí en un artículo de Nano Guerra-García, la idea no es mía, no hay ley que evite ese comportamiento nocivo. 

Y es por ello que en las próximas elecciones deberíamos poner en la agenda de candidatos y electores el tema del abuso de poder monopólico municipal, y la corrupción potencial que este conlleva. Más aun, estamos seguros de que el candidato que afronte ese problema y lo ponga en su oferta de trabajo, tendrá una gran ventaja en la preferencia de los electores. Veremos quién asume el compromiso.

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