Ministerios magistrales

Rolando Arellano Cueva
Presidente de Arellano Marketing y profesor en Centrum Católica

Siempre se pensó que el objetivo de un gerente era administrar eficientemente los recursos de su empresa, pero luego se entendió que debía lograr los resultados deseados usando todos los recursos disponibles, internos o externos. Ese mismo aprendizaje sería muy útil para administrar las instituciones del gobierno. Veamos.

Hasta hace poco los gerentes de los bancos creían que para lograr el objetivo de dar mejor servicio a sus clientes debían dedicarse a administrar su personal y sus agencias, pero más recientemente entendieron que podían utilizar internet y reclutar bodeguitas como agentes corresponsales para ampliar su servicio. Por su lado, la industria de la radio y televisión vio que para que sus mensajes fueran vistos y escuchados por todos, más allá de solo trasmitir por radios y televisores debían pensar en los teléfonos y computadoras como medio para difundirlos.

A nivel de gobierno este tipo de análisis podría ayudar mucho a mejorar su función. Siendo válido que el Ministerio de Educación se ocupe de administrar colegios y universidades (sobre todo los públicos) y negocie las exigencias de sus maestros, su trabajo sería más fácil si le diera más énfasis a los otros recursos que dispone. Sin duda profesores y escuelas son un gran recurso para tener los ciudadanos educados y funcionales que la sociedad necesita, pero si el ministerio empoderara a los padres para incluirnos en la labor educativa, se multiplicaría su eficacia. Y de paso nos responsabilizaría más en la educación de nuestros hijos.

Y si está bien que se le exija al Ministerio de Salud que funcionen bien los hospitales públicos y trabajen bien sus médicos, la salud de los peruanos se logra también con medicamentos seguros y abordables y sobre todo con capacitación de la población en higiene y prevención. Si nos involucráramos en mejores prácticas de vida saludable y apoyáramos una mayor amplitud de acción del Ministerio de Salud, más allá de solo exigirle menos colas en los hospitales, mejoraría la salud de todos.

Y lo mismo pasaría con el Ministerio del Interior, que podría dedicarse más a implicar a la población en su propia seguridad y no solo a poner más policías en las calles. Nunca tendremos seguridad real sin programas para que la seguridad sea un objetivo general. Y, como sucede en sociedades con más experiencia de vida democrática, y cada vez más en las empresas, el mismo fenómeno de mejora podría darse en muchos otros ministerios.

En fin, si los ciudadanos nos implicáramos más y los apoyáramos con esta visión ampliada, los ministerios (del latín minus, menos) serían magistrales (del latín magis más). Y así satisfarían mejor las verdaderas necesidades de los ciudadanos.

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